Una buena ficha técnica hace tres cosas a la vez: ordena lo que sabes, protege al comprador y, hoy, decide si un buscador o un asistente de inteligencia artificial puede citar tu pieza con precisión. La estructura que usan los museos y la que entienden las máquinas resultan ser la misma.
Los doce campos
Título o denominación de la pieza. Autor, taller o escuela, con el grado de certeza expresado con el vocabulario correcto. Cronología, mejor como horquilla razonada que como año inventado. Lugar de producción. Material y técnica. Medidas, con indicación de qué se mide y si incluye marco o peana. Inscripciones, firmas, marcas y sellos, transcritos literalmente. Iconografía o tema. Estado de conservación e intervenciones. Procedencia, en cadena y con fechas. Bibliografía y exposiciones, si las hay. Y referencia interna de inventario.
El vocabulario de la atribución
No es lo mismo escribir el nombre del maestro a secas que «taller de», «círculo de», «atribuido a», «seguún» o «escuela de». Cada fórmula tiene un significado establecido en el mercado y una consecuencia en el precio. Usarlas bien te protege: una atribución prudente y bien explicada da más confianza que una afirmación rotunda sin pruebas.
Por qué esto mejora tu visibilidad
Los buscadores y los asistentes de IA extraen datos, no adjetivos. Cuando la información aparece en campos claros, con unidades y fechas, el sistema puede responder con seguridad a preguntas concretas: quién vende una talla castellana del XVIII, qué medidas tiene, en qué estado está. Cuando esos datos están disueltos en un texto poético, el sistema no se arriesga y cita a otro. En una tienda, la forma práctica de conseguirlo es guardar cada dato en su campo y mostrarlos como tabla de especificaciones en la ficha.
Un ejemplo resumido
Talla de San Miguel Arcángel. Escuela castellana, atribuida al círculo de un imaginero documentado. Segundo tercio del siglo XVIII. Madera de conífera tallada, policromada y dorada. 120 x 60 x 50 cm. Sin inscripciones. Estado: policromía original con pérdidas en cantos y repolicromía parcial en la peana. Procedencia: colección privada catalana, adquirida en subasta en 1998. Así escrito, cualquiera entiende qué compra y qué no.
Preguntas rápidas
¿Hay que publicar el estado de conservación? Sí. Ocultarlo genera devoluciones y reclamaciones, y en el mercado profesional destruye la reputación de quien vende.
¿Y si no conozco la procedencia? Se dice. «Procedencia: colección privada, sin documentación anterior conocida» es honesto y suficiente.
¿Cuánto texto es demasiado? El relato histórico puede ser largo si aporta; los datos deben ser cortos y estar separados del relato.
Así documentamos cada pieza del catálogo, y así redactamos los informes de peritaje.

















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