







Jarrón de Loza de Delft Azul y Blanco con Asas, Estilo Chinoiserie
Jarrón de loza de Delft azul y blanco con asas, estilo chinoiserie. Países Bajos, finales del siglo XVIII
Según el historiador Timothy Wilson, del Ashmolean Museum de Oxford, “las piezas de Delft lograron transformar la copia en lenguaje propio. Más sobrio y arquitectónico que su modelo oriental”.
Hoy, un jarrón de estas características alcanza un valor estimado entre 1300 y 1800 euros, según su estado y la precisión de su pintura.
Jarrón de Loza de Delft Azul y Blanco con Asas, Estilo Chinoiserie| Países Bajos, Finales del Siglo XVIII
Este jarrón de loza de Delft, datado de 1775–1790. Resume la maestría de los talleres neerlandeses en la creación de cerámica azul y blanca. Mide 20,3 cm de ancho, 15,2 cm de profundidad y 9,5 cm de alto.
Tiene asas en voluta y un cuerpo abombado sobre un pie perfilado. La decoración, pintada a mano en azul cobalto sobre fondo blanco vidriado, muestra un jardín oriental con flores y un cercado geométrico. Una clara referencia a la estética chinoiserie que fascinó a Europa durante el siglo XVIII.
Delft y el esplendor del azul cobalto
Entre los siglos XVII y XVIII, Delft fue el corazón de la cerámica europea. Los maestros holandeses, al verse privados de las importaciones chinas durante las guerras, recrearon en sus hornos la belleza translúcida de la porcelana oriental.
¿Sabía que la innovación llegó con la loza esmaltada con estaño, que imitaba el blanco puro de la porcelana? Servía de lienzo perfecto para los pigmentos de óxido de cobalto y la traían de Persia.
Según el historiador Timothy Wilson, del Ashmolean Museum de Oxford, “las piezas de Delft lograron transformar la copia en lenguaje propio, más sobrio y arquitectónico que su modelo oriental”.
El arte del detalle y la imperfección noble
El brillo irregular del vidriado, las pequeñas grietas y los leves desconchones en la base confirman su antigüedad y su cocción artesanal. Cada trazo, aplicado con pinceles finísimos de pelo de ardilla, variaba según el pulso del decorador. Por ejemplo, en talleres como De Porceleyne Fles o De Drie Klokken, los artesanos combinaban motivos florales con paisajes imaginados del Lejano Oriente. Creaban escenas que unían fantasía y equilibrio. La doble asa de este ejemplar, menos común, sugiere que pudo formar parte de un conjunto o garniture, dispuesto en chimeneas o vitrinas de casas acomodadas de Ámsterdam o Leiden.
Leyenda y fascinación en azul
Una leyenda local cuenta que un maestro ceramista de Delft, enamorado de una comerciante inglesa, pintó en sus jarrones un jardín con vallas entrelazadas como símbolo de un amor imposible entre culturas.
Sea o no cierta, esta historia refleja la relación íntima entre Oriente y Occidente en el siglo XVIII. Los patrones florales y las celosías, tan presentes en piezas como esta, eran más que simples decoraciones: eran el lenguaje visual de un mundo que se abría al intercambio y a la curiosidad.
Valor y legado
Hoy, un jarrón de estas características alcanza un valor estimado entre 1300 y 1800 euros, según su estado y la precisión de su pintura.
Los expertos en cerámica europea, como John Mallet del Victoria & Albert Museum, destacan que “el azul de Delft no fue una imitación, sino una reinterpretación del espíritu oriental con alma holandesa”. Dos siglos después, su color aún conserva la serenidad y el equilibrio que lo hicieron célebre: la eterna conversación entre la técnica, la belleza y la memoria.
Jarrón Español de Cerámica de 1920
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