







Virgen Inmaculada Concepción | Escuela Madrileña del Siglo XVII
Virgen Inmaculada Concepción | Escuela Madrileña del Siglo XVII
En la escuela madrileña, la figura de la Virgen solía adquirir un carácter más humano y cercano, sin perder la majestad que le corresponde.En la escuela madrileña, la figura de la Virgen solía adquirir un carácter más humano y cercano, sin perder la majestad que le corresponde.
Virgen Inmaculada Concepción | Escuela Madrileña del Siglo XVII
Escultura barroca de excepcional belleza, tallada en madera dorada y policromada, perteneciente a la escuela madrileña del siglo XVII. La obra, de 80 cm de altura, representa a la Virgen Inmaculada de pie sobre una media luna, sostenida por tres querubines que parecen elevarla hacia el cielo. La composición se apoya sobre una base piramidal decorada con molduras doradas que realzan su carácter sagrado.
La Virgen aparece con el rostro sereno, ligeramente inclinado, y la mirada dirigida al frente, en actitud de recogimiento y humildad. Su mano derecha se apoya sobre el pecho, gesto que expresa devoción y pureza, mientras la izquierda se extiende suavemente, como ofreciendo consuelo y bendición. Este equilibrio entre movimiento y quietud es característico del barroco madrileño, que buscaba combinar emoción y armonía formal.
Los pliegues del manto
El artista trabajó con minuciosidad los pliegues del manto, creando un juego de luces y sombras que dota de profundidad al conjunto. Los dorados estofados, realizados con esmero, alternan motivos vegetales con relieves delicados, logrando un efecto de brillo que contrasta con la policromía más contenida del rostro y las manos.
El interior del manto revela tonalidades rojizas, símbolo de la humanidad de María, mientras el exterior dorado alude a su condición divina
Los tres querubines
Los tres querubines sobre los que descansa la figura muestran un notable realismo. Sus rostros infantiles y expresivos, modelados con suavidad, aportan dinamismo a la composición. La media luna plateada, atributo mariano por excelencia, representa la victoria de la Virgen sobre el pecado original. La disposición ascendente del conjunto refuerza la idea de elevación espiritual, como si la figura emergiera entre nubes doradas hacia la gloria celestial.
La iconografía tradicional de la Inmaculada
Esta representación responde a la iconografía tradicional de la Inmaculada, muy difundida en la España del siglo XVII tras la proclamación del dogma como verdad de fe popular. En la escuela madrileña, la figura de la Virgen solía adquirir un carácter más humano y cercano, sin perder la majestad que le corresponde. El tratamiento del rostro, de facciones suaves y expresión melancólica, recuerda los modelos creados por Gregorio Fernández y sus seguidores, quienes lograron un equilibrio entre naturalismo y espiritualidad.
Madera tallada y policromada
El uso de la madera tallada y policromada era una de las técnicas más refinadas del arte sacro español. Su propósito era conmover al fiel y conducirlo a la contemplación. La combinación de oro, azul y carmín, junto con la textura del estofado, crea un efecto visual de esplendor celestial. La figura parece irradiar luz, acentuando el simbolismo de María como “estrella de la mañana”, libre de toda mancha y llena de gracia.
Las proporciones
Esta escultura, de proporciones elegantes y equilibrio compositivo, no solo es una obra devocional, sino también una pieza de gran valor artístico. Refleja la sensibilidad de los talleres madrileños que, durante el siglo XVII, perfeccionaron el arte de la imaginería religiosa, dotando a cada figura de una vida interior visible en su gesto y en su mirada. Ideal para una colección de arte sacro o para un espacio de contemplación, esta Virgen Inmaculada encarna la unión entre fe, belleza y arte.
Escuela Valenciana, Siglo XVII | Virgen con Niño | Talla en Madera Dorada
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